Movilización (alquiler de taxis, colectivos y combis, distribución de cospeles, pago de vales de naftas) y alimentos (bolsones con arroz, azúcar, aceite y yerba para los votantes y cafés, sándwiches y gaseosas para choferes, fiscales y punteros) constituyen los gastos del día de la elección para cualquier aspirante a una banca legislativa o una intendencia. Es inexorable que el mayor porcentaje de dinero se invierta en la votación, porque hay que asegurarse el sufragio. Lamentablemente parece (es) una transacción comercial; un toma y daca sobre necesidades mutuas. Antes de esa fecha sólo hay dispendio para algo de propaganda (pintadas más que nada) para instalar al candidato que identifica la lista. Los pesos se cuidan.
"Si repartes un mes antes un colchón, chapas o dinero, se olvidan rápido y vuelven a pedir más antes de la votación; por eso hay que poner frenos y aguantar hasta el último momento". Palabras más, palabras menos, la frase fue dicha hace unos lustros por un capitalino de una boleta oficialista, aunque el mecanismo se repita en la otra vereda. El dinero es vital para todos, porque las buenas ideas aún no suplen el poder de convencimiento del billete. Ahora bien, los tucumanos irán a las urnas en dos ocasiones durante agosto, el 14 (internas abiertas nacionales) y 28 (comicios provinciales). Atendiendo a este "detalle", la dirigencia que apunta a las estructuras de poder local, ¿en cuál desembolsará sus recursos? Obvio, en la del 28 de agosto. Caso contrario, pecarían de muy ingenuos o expondrían una llamativa fe cristinista. Lo cierto es que siempre se privilegian los propios intereses, con mucha lógica y frío pragmatismo.
He aquí un conflicto serio para el gobernador, José Alperovich. ¿Cómo convencerá a los acoplados -a los que hoy aceptará como adherentes a su habilitada re-reelección-, para que rompan la alcancía y trabajen para Cristina Fernández el 14, cuando dos semanas después deberán jugarse el pellejo en las provinciales? Tal vez lleguen a aportar un 10%, un 15% o un 20% de sus ahorros para la Presidenta. No más. La pregunta es si con ese nivel de "inversión electoral" se llegará a los 200.000 votos que el titular del Ejecutivo le pidió a los intendentes que garanticen.
La alternativa es que desde la Casa de Gobierno surja el "aliciente" para la campaña presidencial del kirchnerismo, que iría directamente a los jefes municipales. Pero, he aquí un drama posible: que los recursos "no bajen" en su totalidad para la votación del 14 y que se "guarde algo" para el 28. Ni el propio Alperovich, con un aceitado sistema de control, puede tener plena garantía de que no haya deslices. Es que existe un antecedente peligroso y que en el PJ se recuerda y se comenta en voz baja: el "efecto Miranda". Ocurrió en 2003 cuando se desdoblaron los comicios provinciales de los nacionales. Alperovich ya había ganado la elección por más de 270.000 sufragios y luego el peronismo no alcanzó los 83.000 votos para los comicios de senador. En síntesis: el PJ perdió dos bancas en manos de Fuerza Republicana (142.000) y ganó una, la de Julio Miranda. Mucho de habló, sin pruebas al canto, sobre que se mezquinaron los recursos distribuidos. Es el temor con el que deberán vivir en el palacio gubernamental, porque Alperovich, desgraciadamente, tiene que hacer muy buena letra frente a Cristina. No sería muy elegante, y hasta poco caballeresco, que el 14 de agosto sólo le aporte 200.000 votos y luego él, dos semanas después, obtenga 500.000.
Un auténtico dilema para el mandatario. Mejor sería que desde ya vaya pensando en algunas excusas para presentarse luego en la Casa Rosada. Aunque hay una que suele ser tradicional para estos casos: "me traicionaron". Siempre es efectiva. Por lo real.